LIEBRE Y LA TORTUGA

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Cuando uno va a la galería Liebre lo hace expresamente, porque este espacio, que toma su nombre y su logo de la fábula de Esopo sobre la liebre y la tortuga, está algo apartado del meollo galerístico madrileño en lo que a distancia se refiere. Liebre es una galería joven, que navega por su segunda temporada en el entorno de Nuevos Ministerios (Avda. General Perón 8), y que acoge desde el 22 de noviembre y hasta el 19 de enero una exposición titulada “Microarte. El tamaño sí importa”.

De título categórico, casi reivindicativo, esta colectiva basada en la idea de que el tamaño de la obra no importa y que lo pequeño también puede tener mucho valor, nos muestra una selección de artistas que nos da una idea general de lo que podemos ver en Liebre y de su idea de negocio.

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Vayamos por partes. Liebre es un espacio activo en la red con web propia, blog, y perfiles en redes sociales. ¿Es realmente importante hoy el espacio físico para una galería de arte habiendo otros modos y otros medios de estar y comunicarse? Seguramente no, y esto es, entre otras cosas, lo que ha llevado a muchos a replantearse el modelo tradicional de galería. Puede ser que aquí tengamos un ejemplo de esos otros modos y medios de comunicación. Como muestra, existe la posibilidad de hacerse “Amigos de Liebre”, con las ventajas de invitaciones a ferias, visitas a los estudios de los artistas, etc. También tenemos la opción de abrir una cuenta de arte en la galería, con facilidades de compra y otra serie de ventajas para iniciarnos en el coleccionismo. Ahí está el mercado que Liebre busca: los nuevos coleccionistas. Coleccionistas low-cost, podríamos decir. No grandes compradores, sino una lista de pequeños coleccionistas, que a modo de suscriptores, mantengan el negocio.

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Ya durante el año pasado, Liebre ofreció una serie de charlas sobre coleccionismo, y ahora, con exposicionescomo esta, pretende ponernos los dientes largos con obras baratas de artistas relativamente jóvenes. El formato pequeño no es más que otra forma de atraparnos y animarnos a comprar. ¿Tiene posibilidades de prosperar ese coleccionismo low-cost? ¿Hay mercado? Esperemos que sí por el bien de proyectos como este, pero desde luego, no es una inversión a corto plazo.

Ahora centrémonos en la exposición: participan 20 artistas de diferentes nacionalidades, sin ninguna conexión evidente en su trabajo más allá del formato. Lo primero que nos llama la atención es eso, la variedad de estilos y técnicas: dibujo, pintura, fotografía, escultura… Después, en la planta baja, las delicadas composiciones de hilo de Ela Candela, o el CV de Pelayo Varela impreso en una tira, como línea de vida. Medida en metros y centímetros, parece decirnos que a veces a los artistas se les exige competir por ver quién la tiene más larga. También podemos destacar a Guillermo Peñalver con sus acrílicos, o a José Jurado, y sus composiciones con los ya conocidos compradores de oro como protagonistas, personajes habituales del paisaje urbano, envueltos en marcos dorados. Todavía en la planta baja, Pol Gorezje interviene y deforma rostros sacados de revistas, y Yes nos ofrece pequeños lienzos en blanco y negro que nos dejan con ganas de ver sus obras en color.

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En la planta de arriba, con obras algo más grandes y una presentación más espaciada, predomina la fotografía. Resulta interesante Guillem Juan, tanto en foto como en dibujo, y más aún las selectas imágenes de Fabia Rodi. Las dos fotografías de José Luis López Moral, románticos paisajes de entornos periféricos, también llaman la atención al mirarlas con detenimiento, aunque quizá el formato no sea el más adecuado. Por último, Martinho Costa y sus piedras, estropajo y demás objetos usados como soporte para la pintura. El portugués es de lo mejor que podemos ver en esta muestra que más bien parece un escaparate para mostrar la nueva hornada de artistas de la galería, que una exposición con un hilo conductor claro. A veces pasa.

Habrá que prestar atención a este espacio y a algunos de sus artistas “emergentes”. Esperemos que Liebre vaya como la tortuga, lenta pero segura, para obtener sus frutos.

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