CARTOGRAFÍAS DE LO INTAGIBLE

Cabecera

Cuando en arte se trabaja en torno a un concepto, hemos de tener en cuenta las diferentes interpretaciones que se tienen de éste. El público que acude a ver una obra lleva consigo toda una serie de símbolos y preceptos que componen su iconografía personal e imaginario, su background y, en definitiva, la red de significados y asociaciones que componen su mirada y su criterio. Al participar de la obra como espectador, éste la dota de nuevos significados.

El artista no está solo. Trabaja con su mirada y con la del público, que es su misma mirada. Comparten el mismo código, la misma miscelánea de símbolos construida en la cotidianidad de su misma tribu, su misma sociedad y cultura.

Las experiencias vitales del artista y del contexto al que pertenece, dotan de significado a los símbolos e iconos que éste utiliza en su obra y crea, así, laberintos y mapas abiertos a diferentes lecturas e interpretaciones, en los que el arbitrio personal del espectador prevalece, y camina entre las incógnitas planteadas por el artista en su metanarración.

1º

El marco que ofrece el artista es un vacío al que se lanza el espectador sediento de conocimiento. Busca la línea por la que entrar y ahondar en su pensamiento, penetrar hasta lo más oscuro en aras de encontrar un objeto en el que verse reflejado y poder profundizar en él.

En un proceso de investigación (fundamental para un posterior proceso de creación) si limitamos el análisis de una obra a su contenido formal, su composición, color, estructura, etc., y no prestamos atención a su entorno, su situación espacio-temporal, conceptual e histórica, y sin un conocimiento previo del contexto histórico-geográfico y psicológico-biográfico tanto del autor como de sus coetáneos, corremos el riesgo de caer en la banalidad y torpeza de discursos líquidos, adaptados a lo que ya conocemos, alejándonos del significado íntegro e intrínseco de los contenidos ocultos, de la belleza de la hermenéutica y, en definitiva, de su verdadero sentido.

2ª

El mapa convencional (de un país, de una región, etc.) no diferencia las particularidades cualitativas de cada lugar y lo unifica todo en un mismo plano, homogeneizando (en el juego del poder, colonialismo, etc.) la riqueza de la humanidad, que radica precisamente en su heterogeneidad, pluralidad y diversidad. En estos mapas y cartografías no figura referente alguno sobre lo intangible, lo no-demostrable empíricamente. Todo aquello que situaríamos en “la otra parte”, lejos de la objetividad y del positivismo.

Los mapas y cartografías que el arte nos muestra son de otra índole. Sus líneas topográficas definen formas intangibles, los límites del espacio son indefinibles, la crítica y la duda se anteponen a las leyes universales. Es cierto que el arte no tiene respuestas. No sacia la sed de conocimiento y no satisface el deseo de saber más. No es este su deber. Tan solo ofrecer los estímulos sensoriales necesarios para seguir buscando, insinuando la belleza en el camino del conocimiento.

Olatz Otalora

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Fotos:

Cabecera

Melanie Smith: Spiral City, 2002

127×152 cm Copia en gelatina de plata.

Alighiero Boeti: Mapa – Traer al mundo el mundo, 1984

Colección particular

Actualmente en la exposición Cartografías contemporáneas. Dibujando el pensamiento. Hasta el 24 de febrero en CaixaForum Madrid.

Aby Warburg: Mnemosyne-Atlas, 1924 – 1929
Nº32, 1926

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