PIEL Y BASURA

“Tendría que empezar hablando de mis desvaríos emocionales, de mi dispersión mental, de la información absurda que almaceno en la cabeza (…) Quisiera prepararos para este conjunto de gustos y sin sentidos propios de un basurero cultural. Como buen hijo de mi tiempo, mi mente consume imagen e información de todo aquello que me gusta a un ritmo muy elevado. Toda esa basura alimenta mi creatividad y me obsesiona momentáneamente, luego llega otra cosa y es hora de cambiar de temática. Y así, mi obra está constituida por distintos universos a los que regresar siempre que me apetece.”

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Así presentaba su última exposición “El Rotor”, uno de los tatuadores que más y mejor están pinchando tinta en los últimos años, dentro y fuera de nuestras fronteras. Su título, Trash Mental, resume el trabajo más personal del artista en su faceta como ilustrador. Quien haya tenido el placer de visitarla sabrá bien que la dulzura no tiene cabida en su obra, lo cual no quita que en cada uno de sus dibujos encontremos ese estilo cuidado y exquisitamente puro que le caracteriza. Sin lugar a dudas, la iniciativa de pasar del pincel a las agujas ha hecho que su trayectoria adquiera un valor especial, tanto en lo mundano como en lo místico, abriéndole las puertas a una nueva dimensión artística y cultural

1Obviando la parte técnica (para todos aquellos y aquellas que no toleren bien la sangre) el tatuaje constituye un concepto cuanto menos transgresor con el que sólo unos pocos artistas se atreven. Ya no se trata únicamente de plasmar tus sentimientos, tus gustos o tus inquietudes sobre el lienzo o el papel; en este caso el soporte tiene nombre, apellidos y su propia visión de las cosas. Un detalle que conviene tener en cuenta, dado que será él o ella quien luzca tu diseño en su piel durante el resto de su vida.

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En cierto modo puede resultar contradictorio. El arte es mutante, esa es su mayor virtud. Son los propios artistas quienes evolucionan por encima de sus creaciones, los que se inconforman y constantemente exploran nuevos territorios creativos. El tatuaje, sin embargo, supone un compromiso a eterno plazo, una decisión irrevocable de la que surge automáticamente una relación especial entre el cliente y su tatuador. Puede que el diseño quede sentenciado a la obsolescencia en el preciso instante en que se da por finalizado, pero gran parte de su atractivo reside precisamente en este vínculo que prevalece en el tiempo y el espacio.

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Al margen de la estética o las modas, el caso de Rotor es un buen ejemplo de cómo el tatuaje ha evolucionado a lo largo de la historia, impulsado por un amasijo de corrientes socioculturales, cambios de mentalidad y otras casualidades. Una interesante forma de expresión que combina en dosis iguales la cordura con la extravagancia.

¿Alguien se anima?

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