EN EL MUNDO DE LOS RECUERDOS NO OLVIDADOS

Siempre ha sido inquietante el verbo “olvidar”. ¿Es el olvido un miedo que se apropia de ti, que te deja caer sin hacer nada al respecto y que te ve llorar sin ni siquiera reaccionar a algo tan fisiológico como ello mismo?

Hay un miedo irrefrenable a olvidar, a no recordar aquellas cosas, personas o sentimientos que nos han hecho sentir bien o de las que no nos queremos desprender nunca, aún todavía cuando éstas no existen. Son las emociones las que juegan este papel, las que se adhieren a los recuerdos. En cambio, los acontecimientos neutros que no provocan ninguna inquietud se olvidan y no influyen en el presente. Se dice que las personas que controlan sus sentimientos tienen menos capacidad para rememorar momentos pasados. Son las sensaciones adheridas a la experiencia las que vivifican el pasado y le dan consistencia.

Cámara en mano, ilusión por inmortalizar el momento y por que los demás lo disfruten después. La fotografía no está en manos de quién dispara la foto, está en el corazón de quien la mira posteriormente. Concibo ésta como una experiencia, y al espectador como último portador de significado de la obra. Fontcuberta dice: “El que hace una foto captura un pequeño fragmento de tiempo, elige un momento para recordarlo y desprecia el resto de los momentos, aquellos que no fotografía, que cuantitativamente son más. Es decir, olvida más de lo que recuerda”.

Cuando se da una situación de shock muy fuerte, como puede ser la pérdida de una persona cercana, pueden pasar dos cosas: por una parte, puede haber un bloqueo de los recuerdos debido al shock emocional, y por la otra puede pasar todo lo contrario, que estos recuerdos se refuercen de por vida por el alto contenido emocional vivido. Confío en la fotografía como medicina para prevenir el olvido y como terapia para llevar un proceso emocional de duelo de la mejor forma posible.

 

Sin embargo, solo el tiempo tiene ese poder mágico de entendernos, aliviarnos y de mantener nuestros sueños libres de cosas imposibles. A veces pasan cosas que hacen que queramos olvidarlo todo para siempre, privándonos de esa capacidad que solo los sueños poseen, la de mantenernos vivos en el mundo de los recuerdos no olvidados.

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