RUIDO Y VESTIGIOS SUBVERSIVOS

Una vez, durante el proceso de un proyecto artístico en la universidad, me aconsejaron que a la hora de materializar mi idea optara por los objetos llamados “acumulables”, por su carácter de fácil almacenaje y, por tanto, bajo coste en su conservación. Su venta resultaría más sencilla y tendría más posibilidades de acceder a una subvención.

Resulta que esta reflexión va bastante acorde con la idea del público impaciente y desconfiado que acostumbramos a ver. Son fácilmente reconocibles por frases como “a mí no me toman el pelo” ó “esto lo hace mi sobrino”. Si no hay objeto al que agarrarse, pintura a la que acercarse o unos auriculares por los que escuchar quién sabe qué, la sala se emborrona y zas: “han vendido humo”. Así, vamos llenando los salones de cuadros y estatuillas, las calles de monumentos y farolas, y, poco a poco, hacemos hueco en nuestro cerebrito para que corra el aire y haya espacio para la nada.

No se trata de situar una obra inmaterial o efímera por encima de objetos e instalaciones. Interactuar con una obra de arte no sólo significa poder tocarla y llevártela a la vitrina de casa. Una mirada que active nuestra memoria es también una forma de diálogo, no sólo entre espectador y obra, sino también entre público y artista.

Se trata del hacer por hacer. Del hablar por hablar. Del ver por ver. En esta realidad pixelada con fondo de croma en la que vivimos, la saturación se ha sobrepasado a sí misma. Un proceso en la práctica artística debería tener la capacidad de subvertir y romper con los límites. Focalizar toda la atención en esos vestigios prefabricados y obviar el trabajo de campo es un claro síntoma de la impaciencia de todos. La exposición y puesta en escena de una obra nos habla más allá de la finitud de los objetos escogidos para completarla. No es ningún engaño. El carácter procesual de un proyecto artístico guarda en su interior todo lo que un objeto aurático proyecta. Alberga una serie de significados y evocaciones tan ricas, o más, que los artefactos diseñados como vestigios de un supuesto proceso digno de ser expuesto.

En 2008, coincidiendo con la Bienal de la Habana, Luis Camnitzer redactó el siguiente manifiesto:

1 Creo que la cantidad de poder en el universo es finita.

2 Creo que esa cantidad finita de poder está mal distribuida.

3 Creo que el poder tiene que ser distribuido equitativamente.

4 Creo que la forma de redistribución del poder define una ética.

5 Creo que la redistribución ética del poder necesita una estrategia.

6 Creo que la estrategia para una redistribución ética del poder define la política.

7 Creo que el arte es un instrumento que sirve para implementar esa política.

8 Creo que el uso del arte para otros propósitos ayuda a una mala distribución del poder.

9 Creo que la mala distribución del poder es un desastre ecológico.

10 Creo que el arte mal usado es un desastre ecológico.

11 Creo que hay que pensar dos veces antes de hacer arte.

Habría que pensar dos veces antes de decidir materializar ideas en objetos acumulables. Habría que pensar dos veces antes de jugar con ideas y después venderlas. El juego de la compra-venta y el poder no tienen límites y se cuelan en todas partes, desde luego. Pero, por suerte, también ocurre a la inversa: obras, vídeos, manifiestos, etc. con ese poder de subversión y cambio llegan en ocasiones a darse eco más allá de los contratos, acuerdos y desacuerdos entre ministros de cultura, directores de galerías, comisarios y críticos. El tótem Santiago Sierra y Jorge Galindo, desde ahora y hasta el 2 de marzo, presenta en la Galería Helga de Alvear de Madrid el proyecto «Los Encargados». Además de objetos “comprables” – en este caso pinturas de gran tamaño y fotografías – la muestra recoge también un vídeo grabado el verano pasado en la Gran Vía de Madrid. Los cuadros y las fotos son el vestigio de la acción, el video es el documento. Y ya está. No vaya si espera ver juegos de perspectiva y dominio del pincel o si espera encontrarse gamas cromáticas y punta seca.

Arte, mentira, política: “La solución no vendrá de los ruidosos cuentos de la civilización. Vendrá de los lugares solitarios. Los grandes reformadores de la Historia vienen del desierto. Hay muchos que ni una sola vez encuentran tiempo para reflexionar sobre el sentido de su vida.[1]” En las galerías, en las ferias, en las manifestaciones, también podemos encontrar silencio, si lo buscamos. No todos los vestigios son subversivos, tampoco lo son los todos los objetos llamados “bellos”. La subversión está más cerca de lo que creemos, sólo hay que callar y empezar a escuchar la belleza que nos reserva el silencio.


[1]                Nansen en 1925 en una conferencia que dio a sus estudiantes de la Universidad de St Andrews

One comment

  1. ane

    …sublime…

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s

%d bloggers like this: