LA DESTRUCCIÓN DEL TEMPLO DE DAGÓN. ¿ICONOCLASTIA, VANDALISMO O “JUSTICIA INFINITA”?.

A punto de ser condenado, Sansón, en la escena final, se agarra a los brazos de Dalila (Sansón y Dalila. 1949 de Cecile B. DeMille). La multitud abarrota el graderío del templo de Dagón exigiendo que se humille frente a su dios. El gran ídolo reposa sobre dos grandes columnas de piedra. El gentío reclama que sea azotado hasta que reniegue de su dios y se postre ante la figura de Dagón.

Sansón, con gesto turbulento,  advierte encolerizado a Dalila -“La muerte invadirá este templo, sentirán el poder de Dios, debes salir de aquí.”-

“No se inclinará ante un dios que no sea el suyo, ¡el filo de la espada doblará sus piernas!”- grita una voz entre la multitud.

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En un gesto de locura, Sansón abre sus brazos e intenta empujar las columnas para derribarlas. La multitud ríe ante la locura de semejante intento.

Aquí se observa la sorna del público frente al vándalo, visto como un loco, un bárbaro, un ciego, etiquetas todas ellas que desacreditan cualquier actitud iconoclasta. En algunas pinturas flamencas del SXVI los iconoclastas aparecen representados con orejas de burro destrozando imágenes, la ignorancia es un concepto clave para la estigmatización sistemática del  comportamiento iconoclasta.

1 no sabe lo que hace

En uno de los grabados de “Los caprichos” de Goya, bajo el titulo No sabe lo que hace, aparece un personaje subido a una escalera, como embriagado, “falto de equilibrio”, y con los ojos cerrados, “ciego”, sujetando en su mano un pico con el que acaba de golpear una estatua clásica que yace rota en el suelo.

3

En otro grabado de H.Barón se ve al personaje principal, de rostro tosco, casi salvaje, atacando con un mazo una escultura de formas idealizadas y suaves.

Las carcajadas de la multitud dotan a la acción de un tono carnavalesco, otro de los recursos para desprestigiar y burlarse de la acción iconoclasta[1].

Sansón continua en su intentona – “Fortaleza mi señor”- ruega, pidiendo colaboración divina. Un estimulo, una ideología que respalde su actitud, a priori desatada e incomprensible para la multitud.

Las columnas comienzan a moverse, la muchedumbre calla. En este momento hay un cambio de actitud, el vandalismo pasa a ser Iconoclastia. D.Gamboni[2] nos cuenta que la principal diferencia entre el vandalismo y la iconoclastia reside en la intención; mientras que en el vandalismo la violencia es colérica y gratuita, en la iconoclastia implica una voluntad, un propósito, una ideología.

El personaje deja de ser un “ciego”, -“mis ojos han visto tu gloria, ahora déjame morir con mis enemigos” – grita Sansón.

Esta frase nos permite ver que el vándalo, el iconoclasta y el constructor de imágenes  institucionalizado no están tan lejos; los tres necesitan imponer su violencia para lograr sus propósitos.

Sansón pasa a funcionar aquí como un terrorista suicida, un mártir que va a morir por su causa justificada. Podríamos verlo también como un “justiciero”, ejecutor de la “justicia infinita” de la que hablaba G.Bush, y que Rancière[3] propone opuesta a la moral del western; nos habla más bien de una “justicia sin límites, una justicia que desconoce las categorías (no hay separación entre castigo-venganza, jurídica-política, ética-religiosa…)”. Rancière habla del derecho infinito, como el no-derecho, y de su escenario: el de la guerra infinita, el bien contra el mal.

En este ejemplo de Sansón (mártir o justiciero) se ubica la idea del clon de W.J.T. Mitchell[4] en su ensayo “Clonando el terror”. Ambos, aparentemente distanciados, tienen una íntima relación entre sí, actúan como el mismo ente biológico: “Los terroristas sólo pueden convertirse en terroristas, cuando son modelados, formados e incluso clonados por aquellos con los que interactúan.”[5]

La escena no acaba ahí; con la caída de la estatua reina el pánico. Quizá esas escenas no fueran tan familiares en el año 49, pero a día de hoy, tras las imágenes del WTC de NY, las escenas de los cuerpos lanzándose al vacío con la caída de la estatua de Dagón, se tornan una macabra paramnesia.

Un acontecimiento difícil de olvidar, una conmoción de la que fuimos testigos y que irrumpió de forma súbita en “lo real” a través de las pantallas de los monitores en todo el mundo. Un acontecimiento que pasó a funcionar como un monumento, quizá más fuerte que el derrumbado.

Al caer la estatua de Dagón dejando el templo en ruinas, el cuerpo de Sansón queda sepultado. Una madre y su hijo, consternados, conversan:

“¿Era tan fuerte, por qué tuvo que morir?”-pregunta el niño- “Su fuerza no morirá Saúl, los hombres contarán su historia durante siglos”- responde la madre.

Aquí el fin último: la memoria, el monumento.

 

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[1]           Véase, el personaje de Joker en Batman de Tim Burton (1989), en la escena en la que Joker entra en un museo con música carnavalesca y atuendo colorido , ataca las obras, el iconoclasta aparece como un “payaso de circo”.

[2]           GAMBONI, D. (1997)  The destruction of Art. Iconoclasm and Vandalism since the French Revolution. London: Reaction Books.

[3]          RANCIÈRE,J. (2011) “El 11 de septiembre y después ¿una ruptura del orden simbólico?” En: Momentos políticos.  Buenos Aires: Clave Intelectual.

[4]           MITCHELL, W.J.T. (2008) “Cloning Terror. The War of Images, 9/11 to Abu Ghraib”. En:VVAA, Arte y terrorismo. Madrid:Brumaria.

[5]           RUGGIERO,V. (2003) “Terrorism: Cloning the enemy” En: International Journal of Sociology of Law, nº31.

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