ARTE EN LA LISTA DE LA COMPRA

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En el mes de mayo hemos tenido la oportunidad de asistir a una de las citas más interesantes de la primavera madrileña. Interesante por la iniciativa en sí, y por el número de artistas y propuestas presentadas dentro del mismo espacio.

El espacio era el Mercado de la Cebada, y el proyecto, Se Alquila. Durante 3 días, del 16 al 18, ambos inclusive, los chicos del proyecto Se Alquila hicieron convivir a los comerciantes con los artistas, de manera que unos y otros se mimetizaron de una manera más o menos invasiva, según el caso.

Previamente, se había abierto una convocatoria para artistas de toda disciplina, con la única premisa de que había que ceñirse a un tema (o palabra): mercado. Una vez cerrada la convocatoria y hecha la selección, más de 150 artistas recibieron permiso para ocupar  -organizadamente-, los puestos vacíos del popular Mercado de la Cebada, en el barrio de La Latina.

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El edificio, amenazado de derribo seguramente para dar paso a algo más cool, que cuadre mejor con el Madrid despersonalizado y banal que algunos tienen en mente, recibió de buen grado a los creadores, ocupantes temporales, casi visitantes. No así los comerciantes, al menos algunos de ellos, que decidieron vetar algunas obras, una vez las vieron instaladas. Un puesto en el que unos dibujos de perros muertos colgaban como en una carnicería, le valió la censura al artista chino An Wei Lu Li. Otro en el que un maniquí vestido de monja vendía bebés, u otro más en el que se mostraban tarros de “pollas en vinagre” literalmente. El problema aquí no se sabe si eran los falos en conserva o la cara de Mariano Rajoy impresa en la tapa del recipiente. En cualquier caso, no gustó que Miguel Ezpania relacionara en la misma pieza un manojo de penes con el rostro del que nos sodomiza diariamente.

En el caso de la monja comerciante, obra de Pixel600MG & Miss Anita, el problema está menos relacionado con el pudor o la política, al menos a simple vista, porque ya sabemos que la política siempre subyace en ciertos temas. Parece ser que tratar un tema concreto como el robo de niños en hospitales, fue entendido como una inaceptable y malintencionada crítica hacia la siempre bienintencionada y omnipresente Iglesia Católica.

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No deja de ser curioso cómo el mismo espectador que es capaz de asimilar las noticias continuamente negativas presentadas en el telediario, e incluso de resignarse ante ellas, adopta una actitud de indignación cuando ve esa misma noticia tratada desde una perspectiva artística, tildando a los artistas de vagos y liantes. No olvidemos nunca que el arte se nutre de la realidad, al fin y al cabo.

Por otro lado, podemos pensar, que si el arte, como medio transmisor, tiene aún la fuerza suficiente para ser molesto y para que algunos quieran censurarlo, eso quiere decir, que sigue teniendo un papel válido en la sociedad actual. Más aún cuando hemos sido insensibilizados ante la realidad más cruel.  Aún no somos insensibles al arte, y eso es una buena noticia.

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Pero hecha esta reflexión, quisiera volver a Se Alquila. Tampoco debemos dejar que lo anecdótico nos aleje del análisis real o de lo verdaderamente importante. Imaginemos (los que no lo hayan visto) un edificio de dos plantas, con la mitad de sus puestos habitualmente  cerrados. Imaginemos (los que no lo hayan visto) que durante 3 días esos puestos cerrados son ocupados por artistas, e imaginemos ahora, puestos donde se vende fruta o carne –o pescado-, frente a, o junto a, puestos donde se vende arte, o simplemente se muestra. Y que además, un escenario con continua actividad dota de ritmo y animación al ambiente. Eso es lo que ocurrió, y fue una experiencia tremendamente positiva, que puede verse como contrapunto al modelo de mercado de diseño ya implantado en otras zonas de Madrid. Se supone que convertir mercados populares en mercados de diseño es una solución para estos espacios afectados por la competencia de grandes superficies y otros comercios, pero hay otras soluciones como esta, que dotan de vida al mercado, lo actualizan y lo ponen en valor sin anular su carácter popular.

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A veces los gestores de lo público deberían atender más al poder de la cultura como elemento revitalizador de entramados y relaciones urbanas, y no tratarla como mera comparsa o acompañamiento.

La cultura no es un photocall en el que hacerse la foto de rigor. Y esto lo saben bien en la asociación Entresijos y en La Cosa Cultural, que a la postre han sido los que han lidiado con los poderes fácticos, llámese administración, llámese comerciantes, para llevar esto a cabo.

Ellos son los que, desinteresadamente, por el mero placer de hacer, y adquirir legitimidad y experiencia profesional como gestores culturales, contactan con propietarios o responsables de edificios en desuso para proponerles utilizarlos durante unos días para un evento artístico bajo el epígrafe de Se Alquila. Así han organizado ya tres ediciones: Se Alquila Burbuja en un espacio cercano al Rastro; Se Alquila Cuerpo en un local entre Chueca y Malasaña; Y Se Alquila Mercado en el citado mercado de la Cebada, siendo este último el que nos ocupa y el de mayor dimensión, lo cual quiere decir que el proyecto crece y es exportable a diferentes espacios. Su carácter esporádico y efímero es otro de sus puntos fuertes, ya que se concentran un sinfín de actividades en pocos días, y esto permite una colaboración e implicación mayor de los artistas participantes, que quizá se diluiría si el evento se alargase demasiado.

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Entre los participantes, colectivos diversos como Todo Por la Praxis, la Asamblea 15M de Austrias o el Campo de la Cebada; espacios como Isala o La Casa Franca, que estuvo durante los tres días repartiendo amor con un proyecto que funcionaba como una red de contactos in situ; artistas como Borondo que estuvo pintando la fachada del mercado, y muchos otros que llenaron con sus obras el interior del edificio; el colectivo Arte Oculto Madrid, que se encargó de las mesas de debate con temas como “Reactivación de espacios para usos culturales” o “Rentabilidad Social y Financiación de la Cultura”; performers, cantautores, actores, poetas, músicos…

Tantos nombres y actividades diferentes, y además de una calidad digna de destacar, que debemos felicitarnos de que ocurran iniciativas como esta, y de que haya vida más allá del ya típico “no hay dinero”.

Solo podemos esperar en estos tiempos que las mentes sigan inquietas y la cultura estimule y abra espacios de interacción con la ciudadanía.

Será no solo nuestra manera de seguir vivos, sino de sacar además algo positivo.

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*Fotografías cedidas por Alberto M. Centenera y Fernando Escribano.

Fotos:

1. Borondo en la fachada del mercado de la Cebada

2. Arte mimetizado entre los puestos del mercado

3. Colectivo Teje La Araña

4. Lo popular y lo contemporáneo

5. Actuación en el escenario

6. Bolsas de supermercado cosidas a mano, de Tania Tsong

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